60 aniversario del Orfeón Santiago: Reflexiones de Enrique Filiu

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Electo Silva en mí

Al maestro Electo Silva lo recuerdo desde mediados de los años 70 en mi etapa de estudios en el nivel elemental de música en el Conservatorio Esteban Salas. Entraba por la puerta de la escuela como dueño y señor, mano derecha en el bolsillo, la vista encumbrada y siempre silbando alguna melodía.

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Ahí viene Electo…
Se oía susurrar a su paso

No se perdía un concierto del Orfeón Infantil dirigido por la maestra Josefina Farré, quien en su momento fue su primera ayudante de dirección y cuyo repertorio en gran medida estaba conformado por sus arreglos de canciones populares cubanas adaptados para voces iguales, sus versiones de canciones populares españolas y francesas y sus «Cinco canciones infantiles» con texto de David Cherician. Algunas de las cuales vistas hoy día, pareciera que las hubiera escrito ayer.

La primera vez que lo vi dirigiendo al Orfeón Santiago fue en uno de sus conciertos didácticos, donde por primera vez escuché a Jannequin, Ravel y Debussy, cantados en castellano con un gusto y precisión impresionantes, de gran nivel interpretativo y con un elenco de solistas de primera como: Sonia Garrido, Eva Griñán, Armando Garzón y Amalia Arriaza, quien alternaba el trabajo de cantante con el de subdirectora del coro.

Justo dos años antes de terminar el nivel elemental, él se hizo cargo del Orfeón Infantil y fue mi primer contacto con su método de trabajo, donde el sonido, el repertorio y la manera de enfocar la música hacían un círculo perfecto más allá de la mera diversión del canto en grupo. Por entonces yo tenía muy claro que quería ser director de coro y con mis 13 años hice lo imposible por asimilar toda esa información que tenía ante mí, dos horas a la semana.

Ya en mi último curso de nivel elemental estrenamos nueva maestra de coro, Gisela Crespo. Ella llegó como un rayo de luz y en un curso revolucionó el canto coral en el Conservatorio.

En uno de los conciertos que ofrecimos vi a un Electo atento y escuchando todo. Grabadora en mano y con un semblante de felicidad, admiración y respeto por lo que estaba sucediendo ante sus ojos. Ese tipo de complicidad y de compañerismo me causó una muy buena impresión y sensación de cercanía hacia ese señor serio del que todo el mundo hablaba; lo que no sabía yo en ese momento era que Gisela también trabajaba como su asistente y tanto él, como los miembros del coro, tenían en gran estima y alta valoración su talento y habilidades como directora.

Ya por esa época me asaltó la inquietud de conocer el coro como instrumento vivo y comencé por escribir y arreglar música de forma intuitiva e involuntariamente, según mi visión de hoy día, muy cercana al estilo del maestro Electo. Quizás, por ser la referencia más cercana que yo tenía y cada vez que podía me acercaba por los ensayos del Orfeón para que él me los revisara…

A ver ¿Usted qué ha escrito?… tóqueme eso al piano…
Luego me miraba y sonreía y no me decía nada

Durante mi estancia de estudios en la Escuela Nacional de Música tuve la oportunidad de participar en los Talleres de Composición de Canto Coral que se hacían en Santiago, donde se les daba un espacio importante a los jóvenes compositores ya fueran estudiantes o profesionales para el estreno de sus obras y por otra parte se dotaba a los directores asistentes de material bibliográfico acerca de la música coral y partituras de los últimos arreglos y obras del maestro.

Electo Silva y el Orfeón de Santiago

Electo Silva y el Orfeón Santiago

En el marco de uno de esos talleres se celebró un concierto por el 25 Aniversario de Orfeón Santiago, donde estrenó su ciclo Homenaje a la trova con texto de Guillén y otras con texto de Fayad Jamís, basadas en una exposición pictórica del último, allí expuesta. En mis cortas vacaciones solía ir yo por sus ensayos, y escuché por primera vez con asombro los arreglos de sus canciones caribeñas. Me parecía imposible tanta sencillez y eficacia además en músicas que nunca imaginé se podrían cantar en coro… tanto insistí que me dijo:

Siéntese ahí con los bajos. Y continuó…
¡Pancho! (Francisco Gutiérrez, el entonces administrador del coro),
dale un uniforme a este joven…

Así me pasé el mes de Julio de algún verano lejano, cantando con el Orfeón por toda la provincia de Santiago flanqueado por dos jóvenes cantantes: Miguel Correoso y Manuel Guardiola.

Por esa época escribió sus «Cinco canciones de amor» con texto de Rafaela Chacón Nardi dedicadas a las Maestras María Felicia Pérez, Alina Orraca, Marta Santibáñez y Milagros Monier. Cada una de las cuatro primeras y la quinta y última, para todas ellas a la vez y al fantástico Coro Femenino de la Escuela Nacional de Música, que por entonces dirigía María Felicia. Para mi recital de graduación por cuestiones de tiempo me fue imposible montar «Ronda cubana» de Roberto Valera y María me sugirió que dirigiera éstas canciones que ya estaban montadas y con las voces solistas más que apropiadas: Teresita Paz, Ileana Jiménez, Maryoli Cuello y Bárbara Cabrera.

Los conocimientos de Electo más allá de su propio trabajo como director, compositor y orfebre de su propio instrumento coral, eran realmente asombrosos, desde desplegarte un sin fin de información sin saber uno que escoger, hasta preguntarte a qué país y festival vas a ir y a partir de ello hacerte una semblanza de lo que te vas a encontrar allí, así como recrear un panorama de lo más interesante y novedoso que puedes aprender. Conocía a todas las personas claves del mundo coral europeo…

¿Así que se va Usted a estudiar a Bulgaria?
Sí Maestro, respondí
Venga la próxima semana que tengo que conversarle algo
Lo que Usted diga…

Una semana después tenía yo en mis manos un tesoro del cual no me pude despegar en años: Un casete con grabaciones de los coros europeos y estadounidenses más importantes del momento, desde Bach a lo más actual de la música contemporánea de finales de la década de los 80, un folleto donde hacía un análisis muy bien fundamentado de cada obra en cuestión, describiendo en detalle las características técnico-artísticas de cada coro. Para redondear el regalo, me escribió una carta muy escueta deseándome buen provecho en mi nueva etapa y recomendándome que coros de allí que debía conocer sin falta.

Comencé a cantar con el Orfeón Santiago en septiembre de 1991. Al mismo tiempo, junto al Maestro Electo y la Maestra Anarelys Garriga, entonces directora de la Sinfónica de Oriente, abrimos la cátedra de Dirección Coral en el Conservatorio Esteban Salas.

Fue una etapa de aprendizaje acelerado donde todo era nuevo para mí. Desde lo meramente organizativo hasta el más mínimo detalle del proceso de montaje y ejecución de nuevas partituras, mientras, iba tratando de aprender a enseñar, rodeado de directores con mucha experiencia y conocimientos, entre los cuales también quiero mencionar a Delvis Sánchez, que se estrenaba como directora del coro Madrigalista, oportunidad que aproveché todo lo que pude.

Fueron tres años intensos de análisis de partituras de todas las épocas con buenas grabaciones e intérpretes como ilustración, lecturas de todo tipo, paseos de cuarto de hora donde una simple conversación se convertía lo mismo en una clase de estética, filosofía o alquimia, para llegado el momento de despedirse soltarte:

Poulenc es medio cabaretero

… cosa que no entendí hasta años más tarde, cuando tuve que poner en contexto la cantata del compositor francés, «La sequía», en mi recital de graduación del ISA.

En medio de ese ambiente musical y creativo aprendí del Maestro las herramientas necesarias para hacer mis propios arreglos y adaptaciones, escoger el repertorio apropiado para el Coro de Cámara del Conservatorio Esteban Salas, instrumento con el cual comencé a dar mis primeros pasos como futuro director y comenzar la búsqueda de mi ideal sonoro propio.

En el ámbito pedagógico, como profesores de la cátedra de Dirección Coral, disfrutamos de un ambiente de entendimiento y respeto donde cada cual hacía lo que mejor sabía. Anarelys y yo nos ocupábamos de la Técnica de Dirección y la Lectura de Partituras. Él de las asignaturas teóricas como Técnica Vocal, Literatura Coral y Canto así como la dirección del Coro Femenino Sirena.

Ahí se sentaron las bases para la continuidad y crecimiento de la cultura coral santiaguera formando una cantera de directores jóvenes que a la vez que se han ido graduando de la escuela han pasado por los coros profesionales de la provincia como cantantes y algunos de ellos son ya directores, con muy buenos resultados, a la vez que ejercen como profesores de la especialidad de Dirección Coral.

El haber conocido al Maestro y coincidido con él durante toda mi etapa formativa, ha sido la oportunidad deseada de cualquier aspirante a director que paralelamente a su formación académica, necesita aprender el oficio desde dentro, con un instrumento vivo y versátil, de la mano de un gran pedagogo e intérprete, con una cultura que va más allá de lo simplemente musical. Él te brindaba la experiencia y herramientas necesarias para explotar todo tu potencial y cuando veía que ya podías volar solo, te dejaba ir sin resentimiento alguno.

Una de las últimas cosas que compartí con él, fue la revisión de la edición de «Cantares, 15 canciones cubanas». Misión que me encargó sin dudar y sin partituras de referencia sabiendo, digo yo, que sería capaz de ver las erratas de la edición preliminar.

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Él en Santiago y yo en La Habana al teléfono:
¿Electo y cómo hago esto?

 

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Pues Usted sabrá…
Eso fue todo
       

 

 

 

 

Aún recuerdo la sonrisa de complicidad de mi amiga Blanca Cilia Reyes, encargada de la edición…

En mi última correspondencia con él, estando yo aquí en España, le comenté sobre un compositor checo, para mí desconocido, del cual quería hacer unos motetes… y pues para mi asombro en su respuesta, me contó toda la biografía del hombre en cuestión, con lujo y detalle. Me habló de lo que había significado para el movimiento coral checo, otro igual que él, aunque no lo dijera.

Hoy por hoy, sigo hojeando sus artículos y traducciones, soñando su música, haciéndome preguntas y buscando todo aquello que me proporcione conocimiento y materia para seguir pensando y planteándome la música, más allá de lo que esté escrito en el papel.

Siempre que tengo la oportunidad e incluso si no existe a simple vista, me la invento, incluyo en mis programas de concierto, alguna partitura suya, fuera de programa, siendo la obra más apreciada y mejor recibida incluso en los escenarios más conservadores.

Entrevista realizada a Enrique Filiu el 18 de noviembre de 2020 con motivo del homenaje del 60 aniversario del Orfeón Santiago y publicada en la Gaceta Provincial  de la Unión de Artistas y Escritores de Cuba.



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