Beneficios de la música coral

Los beneficios del canto coral: psicología y emoción

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Nos introducimos en el mundo de la psicología para hablar de los beneficios del canto coral, especialmente en su vertiente psicológica y emocional.

Una breve revisión de la bibliografía científica colgada en Google académico1 permite la lectura de una miríada de artículos y alguna que otra tesis doctoral, todos ellos relativos a los grandes beneficios que las personas obtienen como resultado de participar en el canto grupal.

A menudo tales estudios se dirigen a ciertos grupos de edad, y así, nos encontramos con investigaciones sobre los resultados positivos del canto coral para las personas mayores2, o para los adolescentes3, etc.Como esta breve reflexión personal está dirigida a los beneficios obtenidos por participar en un coro, sin especificar intervalos concretos de edad, tras la búsqueda bibliográfica realizada, he seleccionado aquella información que cumpliese con este criterio, así como con los de ser información actualizada y fiable. Procediendo así, encontré una tesis doctoral de 20194 cuya introducción reflejo aquí textualmente por considerarla muy oportuna y acorde a la finalidad de este escrito:

Introducción o motivación de la tesis:

En las distintas culturas y civilizaciones, el ser humano se ha servido del canto como medio de expresión. El espíritu jovial de manifestaciones ya sean de tipo religioso, militar o civil, ha sido exteriorizado, tradicionalmente, a través de canciones. Haciendo referencia a sus orígenes, Mithen (citado en Dalia, 2015) sitúa su surgimiento unos doscientos mil años atrás, fruto de la unión entre la música y el lenguaje y a lo largo de la historia ha sido vinculado al restablecimiento de la salud humana (año 2000 a. C.), a la influencia sobre la fertilidad femenina (año 1500 a. C.) y a la educación de la personalidad (mundo griego, s. VIII y V a. C.). Más adelante, en la antigua Roma, Galeno ya mostraba su convencimiento sobre el potencial del canto para contrarrestar los estados de tristeza entre los años 131 a. C. y 201 d. C.

Por los beneficios que a nivel cognitivo, social y emocional aporta, el canto es considerado un elemento dinamizador del proceso evolutivo (Pérez, 2014; Pascual 2010). Las agrupaciones corales constituyen un espacio idóneo, esa pequeña “sociedad ideal” en la que cada componente aspira a lograr su superación, excelencia y felicidad(Ariel, 2013) contribuyendo al fin último de cantar. […]

En la práctica totalidad de los artículos consultados, los beneficios del canto coral se agrupan en diferentes categorías: beneficios a nivel cognitivo, en sentido emocional, en el plano físico, etc. Como tales categorías derivan de concepciones del ser humano filosóficas o psicológicas que no siempre maneja quien es ajeno a estas disciplinas, se muestra oportuno reflejar en este punto, cuál es la corriente psicológica desde la cual vamos a considerar los beneficios de cantar en una agrupación coral, que no es otra que la corriente humanista de la psicología.

En su libro Humanización de la asistencia al enfermo5 Ángelo Brusco presenta un esquema de la persona basado en cinco dimensiones: corporal, intelectual, social, emocional y espiritual. Siguiendo este modelo presento a continuación lo que, a mi juicio, constituye el mayor beneficio del canto coral en cada una estas dimensiones. Adjuntamos un mapa mental como imagen que permita una visión holística de la información aquí presentada.

Debe tenerse en cuenta que estas cinco dimensiones son interdependientes y están interrelacionadas entre sí, de manera que lo que ocurre en una de ellas tendrá repercusiones, y por lo tanto afectará, a todas las demás como veremos más adelante.

La dimensión corporal.

Nuestro cuerpo es aquí entendido como algo que trasciende a la mera suma del conjunto de nuestros huesos, músculos, órganos, etc. y que va más allá de nuestra imagen corporal. Desde el trasfondo humanista de la psicología, la propia corporeidad se convierte en el instrumento de mediación entre uno mismo y los demás, el elemento que posibilita acortar la distancia entre “un yo” y “un tú”. Ahora más que nunca, en tiempo de confinamiento por el coronavirus, somos conscientes del valor de ese abrazo que posibilitan nuestros brazos, de esa caricia que acerca mi mano a tu rostro.

Probablemente el canto, valiéndose de las cuerdas vocales, sea la mejor manifestación de esta idea del cuerpo como instrumento de mediación que a simple vista podría parecer unidireccional, siendo en realidad bidireccional, dado que

se dirige:

desde mi / nosotr@s / coralistas  ➡️  hacia ti/ vosotr@s/público-escucha

y regresa:

desde ti/ vosotr@s/ público-escucha ➡️ hacia mi/ nosotr@s/coralistas

Porque regresa… en ese aplauso espontáneo, o esas lágrimas en los ojos que vemos en quienes están en las primeras filas, o esa felicitación cariñosa posterior al concierto. Esto en el mejor de los casos…, una lluvia inmisericorde de tomates maduros significa otra cosa.

Son múltiples los resultados positivos que el canto coral tiene en nuestro cuerpo. No serán expuestos detalladamente en este texto porque han quedado magníficamente descritos en otros artículos colgados en esta web del coro MAGERIT, sin embargo, de entre todos ellos, he querido resaltar dos, cruciales a mi entender:

  1. Que el canto produce una liberación de endorfinas en el cerebro, sustancias conocidas coloquialmente como “las hormonas del placer”, que inciden directamente en nuestro ánimo, mejorándolo. Véase aquí un ejemplo de la interdependencia e interrelación entre las cinco dimensiones que venimos describiendo. Lo que se origina en la corporal con la liberación de endorfinas repercute positivamente en la emocional con la elevación de nuestro estado de ánimo, pudiendo llevarlo hasta la euforia.
  2. Que el latido cardiaco de l@s coralistas comienza a acompasarse a medida que cantan junt@s hasta latir al unísono6, Otra consecuencia a nivel corporal, la modificación de la frecuencia cardiaca, acaba impactando en todos los miembros del coro por igual, produciendo un cambio grupal, por tanto, afectando a la dimensión social de la que a continuación nos ocuparemos.

🎶Cantar en un coro resulta ser una actividad que tiene el poder de influir positivamente en la bioquímica de nuestro cerebro y, a través de éste, como órgano rector del cuerpo, en nuestro bienestar general, sincronizando además los corazones de las personas que cantan haciéndolos latir con un mismo tempo.

La dimensión social.

Constituida por dos elementos, a saber: por un lado el tejido relacional del individuo, y por otro, los roles que desempeña en la sociedad. El tejido relacional hace referencia a su red de relaciones entendida como grupos de pertenencia de los cuales es miembro: su familia, sus amigos, l@s compañer@s del trabajo, compañer@s del coro o de otros grupos vinculados a sus aficiones o hobbies, etc. Los roles que desempeña están vinculados a diversas variables: la profesión: maestr@, enfermer@, electricista, etc.; el estado civil: casad@, viud@, solter@, etc.; sus aficiones: jugadora de balocesto, coralista, etc.

Volvamos en este punto a la tesis doctoral ya mencionada, cito textualmente:

[…] El canto colectivo incide favorablemente en el desarrollo socioafectivo y emocional del individuo. Aserción fundamentada en el conjunto parecer de los colectivos participantes de esta investigación que conceptúan, entre los mayores beneficios advertidos, la oportunidad brindada por el coro para el fomento de las relaciones interpersonales mediante el establecimiento de lazos afectivos y el refuerzo de los ya existentes, con independencia de la edad, el sexo, la agrupación coral de pertenencia y demás características personales. Su impacto positivo sobre el desarrollo de la función socializadora repercute favorablemente en la adquisición de actitudes y aptitudes basadas en la cordialidad, la tolerancia o la diversión necesarias para la convivencia en armonía, así como en la potestad transcendental de la actividad social a otros eventos, más allá de los ensayos. […]

🎶Pertenecer a un coro ofrece la oportunidad de relacionarnos con personas, algunas afines a nosotros, pero otras muy diferentes. Sin embargo, perseguimos un bien común: la belleza del sonido polifónico, para alcanzarlo estamos «condenados» a entendernos. Cantar en un coro, humaniza las relaciones interpersonales y es el mejor exponente del trabajo en equipo. Cantar nos une en el valor de la belleza.

La dimensión intelectual.

Entendida como el conjunto de capacidades de nuestra mente, conocidas también como habilidades cognitivas, que nos permiten el procesamiento de la información. Entre otras: razonamiento verbal, cálculo numérico, clasificación, análisis, síntesis, evaluación o comparación de información, etc. Cumplen una doble tarea. Cuando las proyecto hacia fuera, me permiten comprender el mundo que me rodea y a las demás personas. Cuando las vuelco hacia dentro, en ese proceso denominado en psicología “introspección”, favorecen el conocimiento de uno mismo.

En este punto de la reflexión indicar la diferente manera en que trabajan nuestros dos hemisferios cerebrales: el derecho y el izquierdo. Remitimos al lector/a al mapa mental adjunto sobre la especialización hemisférica para mayor información7.

Las investigaciones neurológicas han puesto de manifiesto que nuestros hemisferios cerebrales funcionan independientemente. Cada hemisferio recoge la misma información de sus sensores: ojo, oídos, gusto, tacto, olfato y procesa de forma diferente. La sincronización interhemisférica ocurre cuando los dos hemisferios funcionan al unísono8. Al suceder esto, las ondas en el cerebro se mueven a un ritmo coherente a través de la corteza y se produce casi simultáneamente una emisión de ondas cerebrales de amplitud y frecuencias idénticas, potenciando nuestras capacidades mentales y ejerciendo un efecto terapéutico sobre el cuerpo. Nuevamente otro caso que refleja la interdependencia entre las dimensiones de la persona, algo que se inicia en la dimensión intelectual, repercute muy positivamente en la corporal.

Hemisferios cerebrales

Fuente (imagen): Vértices psicológicos

El lenguaje y las matemáticas son competencia del hemisferio izquierdo, que emplea la lógica y está orientado al detalle, es el que comprende. El hemisferio derecho es el responsable del sentimiento, percibe holísticamente (ve el bosque no los árboles), es imaginativo, intuitivo, el que nos permite apreciar.

Mostraremos una paradoja interesante: siendo la música un lenguaje matemáticamente perfecto, un/a coralista puede cantar como los ángeles sin conocer en absoluto tal lenguaje, ni uno solo de los símbolos de una partitura, ¿cómo es esto posible? Actualmente esa dicotomía de la especialización hemisférica, en lo relativo a la música, no está tan clara9.

Cantar es una actividad que exige una perfecta armonización de la actividad de ambos hemisferios. Imagine el lector/a estar escuchando a un/a cantante que tuviese una técnica máximamente desarrollada pero su canto estuviera carente de sentimiento, seguramente no lograría emocionarnos.

🎶El aprendizaje de cada nueva pieza musical activa simúltaneamente nuestros dos hemisferios cerebrales, cada uno con funciones diferentes, y consigue que trabajen coordinadamente, potenciándose como resultado nuestras capacidades mentales .

La dimensión emocional.

Fundamentalmente entendida como la manera en que reaccionamos y respondemos ante los acontecimientos de nuestra vida, es decir, cómo afrontamos nuestros éxitos, fracasos, duelos por pérdidas, etc., en general hace referencia a las actitudes de afrontamiento ante las circunstancias vitales por las que nos toca atravesar. La música nos ayuda a encajar ciertos golpes, como también a disfrutar de las alegrías de la vida, ¿quién no tiene asociada cierta canción con un gran amor, con la pérdida de un ser querido, o con alguno de sus grandes logros?

Fue durante la década de 1970 cuando el psicólogo Paul Eckman identificó 6 emociones básicas y universales, son: alegría, tristeza, miedo, ira, asco (o repugnancia) y sorpresa. Los sucesos de nuestra personal biografía harán que reaccionemos en un primer momento con alguna de ellas y sólo posteriormente, mediante el proceso consciente de encauzarla, la emoción básica se transforma en sentimiento, cuando se eleva al intelecto y se pasa por el filtro de los valores éticos.

Por muy amplio y correcto uso que una persona haga del lenguaje hablado o escrito parece existir una distancia insalvable entre lo que siento y lo que puedo llegar a expresarte a ti con las palabras que he escogido. El arte de la poesía es capaz de acortar esa distancia. El/la poeta/poetisa se vale entre otros elementos de la métrica como “tempo” para añadir música a sus palabras.

Diversos expertos en comunicación coinciden en señalar que el impacto de un mensaje está mucho más relacionado con el lenguaje del cuerpo (componente no verbal de la comunicación) que con las palabras (componente verbal) como refleja la imagen siguiente:

Comunicación no verbal

Fuente: Google Imágenes

La razón fundamental es que con las palabras expresamos nuestras ideas, opiniones y creencias, aquello que ocupa nuestra mente, mientras que el lenguaje del cuerpo se emplea para reflejar lo que alberga nuestra dimensión emocional. El canal verbal de la comunicación es racional y consciente, debemos ordenar y escoger las palabras del mensaje que vamos a emitir. El canal no verbal: mirada, gestos faciales, movimiento de manos, etc., en cambio…no siempre lo podemos controlar, nos delata.

Tomando como referencia la imagen anterior y pensando cómo impacta una canción que se canta con profundo sentimiento, podemos afirmar que impacta totalmente, al 100% en quien la escucha10. Podemos conmovernos al escuchar una ópera aunque el idioma en que se cante nos sea completamente extraño. Tal vez por ello decimos que la música es el lenguaje de alma. Por otra parte, si hiciésemos una encuesta preguntando a muchos coralistas si al cantar se han emocionado a más no poder, la mayoría respondería que le ha sucedido en más de una ocasión.

🎶Cantar en grupo posibilita en los coralistas la expresión emocional, y suscita sentimientos en quienes escuchan. La música coral favorece que entremos en contacto inmediato y directo con nuestra dimensión emocional, tantas veces relegada en los tiempos que nos ha tocado vivir.

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La dimensión espiritual.

Son dos los elementos que contiene, por una parte las respuestas que nos damos a las preguntas hondas por el sentido de la vida y, por otra, nuestra escala de valores.

Antes o después, en función de su grado de madurez, toda persona se ha preguntado por el sentido trascendente de la vida humana. Los ritos funerarios de culturas ancestrales son prueba de la necesidad humana por encontrar un sentido a la propia existencia. Nos preguntamos si Dios existe o no, si hay algo más allá de la muerte, si la humanidad ha venido a la tierra con algún propósito, etc. No debe confundirse esta dimensión con la religiosidad. Para muchas personas la religión constituye la manera de vivir su espiritualidad. Lo habitual es profesar la misma del núcleo familiar en el que se nace y a medida que maduramos podemos, ya de manera consciente, continuar profesando esa misma, abrazar otra, declararnos ateos, agnósticos o partidarios de alguna filosofía particular.

El fluir de la vida nos va llevando con sus corrientes y contracorrientes, sus piedras y remansos, a construir nuestra escala de valores. Basándonos en ella vamos definiendo nuestro comportamiento, a medida que escogemos, que elegimos o descartamos, que optamos entre conductas a las que subyacen valores morales con diferente connotación ética.

Cantar es poner en movimiento el “Aliento Vital”, el pneuma11, entendido como respiración o espíritu. El aire debe moverse, entrando y saliendo a través del cuerpo, atravesando y haciendo vibrar las cuerdas vocales para que el aliento exhalado se transforme en sonido.

El diccionario de los símbolos de Chevalier y Gheebrant12 define el canto así:

“El canto es el símbolo de la palabra que liga la potencia creadora a su creación, en tanto que ésta reconoce su dependencia de criatura y la expresa en el gozo, la adoración o la imploración. Es el soplo de la criatura, respondiendo al soplo creador”.

🎶Cantar moviliza el aliento vital y lo transforma en sonido, convocando la belleza de la música para que se manifieste como el lenguaje del alma que no necesita traducción. Cuando el canto es una actividad grupal, el conjunto de personas que forma ese coro representa el instrumento del que se vale la vida para manifestar la belleza de la música.

Al cantar movemos y somos movid@s por la Vida que nos habita, tal vez por ello sea la actividad humana que me hace sentir más viva. Hace ya muchos años, pensando en el planteamiento cartesiano: “Pienso, luego existo”, origen del racionalismo moderno, y relacionándolo con el concepto de inteligencia emocional, decidí que para mí la afirmación válida sería: “Siento, luego existo”. Ahora, al finalizar esta reflexión, aún más consciente que al cantar ponemos en movimiento la Vida que nos ha sido dada, le daría un nuevo giro, porque lo que siento es: “Canto, luego existo”.

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Con mi mejor deseo e intención de que much@s lectores vengáis a disfrutar de este entrañable coro.

 

María Elena Parada.

La psicoLoca de MAGERIT

Referencias bibliográficas:



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